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La ley de causa y efecto: historias reales de karma y transformación espiritual, parte 6 de una serie

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“Niños, bebed vuestra leche tranquilamente. ¡No os peleéis ni os mordáis unos a otros por ella! “¡Morder los pezones de mamá duele mucho!” Mi marido oyó esas palabras y de inmediato abrió los ojos sorprendido. Era la cerda – la madre cerda – la que hablaba así. En ese mismo instante, él dejó de criar cerdos para siempre.

La Ley de Causa y Efecto – también conocida como karma – es un principio universal que enseña que cada pensamiento, palabra y acción pone en marcha una cadena de consecuencias. Nada sucede por casualidad; todas las experiencias son el fruto de semillas que hemos sembrado. En esta serie, exploramos historias reales de vidas transformadas a través de lecciones kármicas. Estos relatos revelan cómo la conciencia spiritual, el arrepentimiento y una vida virtuosa pueden elevar el alma y remodelar el destino.

Hoy escucharemos una historia real contada por la propia persona que la vivió – una mujer de 85 años conocida como Sra. Hai. Después de que su marido falleciera siendo aún joven, la Sra. Hai ha vivido sola en un pueblo en el campo en la región del Delta del Mekong en Âu Lạc (también conocido como Vietnam).

La Sra. Hai contó que en aquellos tiempos, la vida era extremadamente difícil para la pareja. Para ganarse la vida, trabajaban en los arrozales y criaban personas animales, entre ellos una cerda muy grande que pesaba unos 260 kilogramos. Entonces un día, ocurrió algo extraño.

Dio a luz a 17 lechones a pesar de que solo tenía 13 pezones, pero de alguna manera se las arregló para amamantarlos a todos. Uno de los lechones dejó de respirar, así que mi marido intentó reanimarlo y hacer todo lo que pudo, pero el lechón no sobrevivió, así que lo dejó allí. Entonces por la mañana, había vuelto a la vida. Fue algo verdaderamente misterioso.

“Niños, bebed vuestra leche tranquilamente. ¡No os peleéis ni os mordáis unos a otros por ella! “¡Morder los pezones de mamá duele mucho!” Mi marido oyó esas palabras y de inmediato abrió los ojos sorprendido. Era la cerda – la madre cerda – la que hablaba así. En ese mismo instante, él dejó de criar cerdos para siempre.

Tras aquel extraño incidente, la Sra. Hai se dedicó a llevar un estilo de vida vegetariano, a recitar le nombre del Buda y a practicar la fe budista Hòa Hảo. No solo transformó su propia vida, sino que también animó a familiares y vecinos a visitar los templos, a la vez que ofrecía generosamente apoyo material para que pudieran tener la oportunidad de escuchar las enseñanzas del Venerable Maestro y cultivar un modo de vida más virtuoso.

Me hice vegetariana, recité el nombre del Buda, y realicé peregrinaciones a las montañas sagradas. También doné dinero para imprimir las enseñanzas del Venerable Maestro para que mis familiares y otros pudieran leerlas. En aquella época, me dediqué de todo corazón a las obras de caridad. Animé a mis hermanos, hermanas, familiares y amigos a que también hicieran peregrinaciones para que pudieran escuchar las enseñanzas del Dharma. y cuando la gente decía, “No tenemos dinero para ir,” yo les decía, “Si no tenéis dinero, sea cual sea la cantidad que necesitéis, yo os la proporcionaré.”

La Sra. Hai creía firmemente en la ley de causa y efecto y sentía que muchos acontecimientos en su vida se desarrollaron de una forma extraordinariamente significativa. Una de las experiencias más extraordinarias que recordaba fue la curación de dos dedos dislocados, que habían quedado inmóviles tras años de trabajo pesado.

Hice peregrinaciones a las montañas y visité templos. Cada vez que veía estatuas sagradas y altares, rezaba ante ellos. Levantando mis dedos lesionados, decía, “Por favor, ayudadme con su poder Divino. He trabajado muy duro, y estos dos dedos se me han dislocado.” Cuando volví a casa, estaban completamente curados. Rezaba y rendía mis respetos allá donde iba.

Antes de eso, la Sra. Hai había buscado tratamiento en muchos lugares y probado varios remedios a base de hierbas para sus dos dedos dislocados, pero nada le ayudó. Sin embargo, tras ir al templo a rezar unas cuantas veces, sus dos dedos se recuperaron de forma gradual y milagrosamente, y pudieron volver a moverse con normalidad.

En cada uno de nuestros viajes por la vida, hay momentos en los que ocurren acontecimientos aparentemente inexplicables. Sin embargo, cuando el corazón está orientado hacia la bondad, podemos llegar a darnos cuenta de que estos son manifestaciones de la sutil y maravillosa ley de causa y efecto, que opera delicadamente de acuerdo con los principios del universo.

La Sra. Hai contó que antes de que falleciera su marido el día 23 del mes lunar de diciembre, él tuvo un sueño en el que apareció una anciana y le predijo que solo le quedaban cinco días antes de enfermar gravemente.

Me contó su sueño. La anciana dijo: “Dentro de cinco días, enfermarás. Pero aún no ha llegado tu hora de morir – tienes muchas enfermedades.” No dijo que fuera a morir. Entonces ese día sobre las 8 de la tarde, empezó a sentir opresión en el pecho y se quedó muy agotado. Seguía sintiéndose débil y también echaba de menos a sus hijos. Lo llevamos al hospital, pero nos dijeron que era demasiado tarde – si hubiéramos ido antes, quizá se habría salvado.

¿Así que fueron exactamente cinco días?

Cinco días – exactamente cinco días.

Tras ese sueño profético, el Sr. Hai cayó gravemente enfermo exactamente cinco días después. Aunque lo llevaron al hospital para recibir tratamiento intensivo, unos dos meses después, no se recuperó y finalmente falleció.

Se dice que otra experiencia milagrosa en la historia de la Sra. Hai tuvo su origen en el altar familiar. Su familia venera un espíritu sagrado conocido como la “Dama Ancestral” (Bà Tổ Cô). En una ocasión, se dice que este espíritu utilizó el cuerpo de la Sra. Hai para comunicarse con un maestro espiritual con el fin de encomendar a la Sra. Hai bajo su guía en el camino del cultivo espiritual. Mientras estaba en este estado de posesión, la Sra. Hai supuestamente podía oír claramente la voz que hablaba a través de ella, pero su boca ya no estaba bajo su propio control.

Entonces, de alguna manera, entró en mi cuerpo, y empecé a llorar. Ella dijo, “¡Maestro!” Entonces él se quedó completamente sorprendido. Mis oídos podían oírlo todo, pero mi boca seguía hablando por si sola y no podía detenerla: “Se los encomiendo al Maestro, por favor, guíe a mis descendientes en su práctica espiritual.”

Tras ese asombroso incidente, la Sra. Hai se recuperó de su enfermedad y también pasó a ofrecer únicamente cultos de estilo vegetariano en su hogar. Una vez rezó ante el altar ancestral, diciendo que si sus antepasados eran verdaderamente sagrados, lanzaría los bloques de adivinación tres veces seguidas – lo que significaba que buscaba obtener el mismo resultado las tres veces – y si eso ocurría pasaría por completo a ofrecer comida vegetariana. Se dice que el resultado de los tres lanzamientos fue coherente y auspicioso.

A partir de entonces, dejó de ofrecer carne de persona animal, adoptó una dieta vegetariana, recitó el nombre del Buda, y durante las décadas siguientes su familia se ha mantenido sana, con sus hijos y nietos viviendo con estabilidad y paz.

Ya ni siquiera puedo acercarme a la carne ni al pescado – me parecen tan desagradables y malolientes, y no me apetecen en absoluto. Además, mi cuerpo está muy sano. Lo que me gusta especialmente es la tranquilidad por la noche. Durante el día, la gente está ocupada y hace ruido, así que no puedo recitar el nombre del Buda como es debido. Pero cuando todos duermen, recito. Y a primera hora de la mañana, sobre las 4 de la madrugada, si recito hasta las 5 más o menos, me siento muy renovada y bien físicamente.

No bebas alcohol. El Venerable Maestro dijo que el cuerpo humano es como una máquina o un vehículo – funciona cuando le pones combustible, pero si le pones alcohol, se estropeará. Eso es lo que recuerdo.

A través de esta sencilla analogía, se transmite un mensaje más profundo sobre el estilo de vida y el bienestar. El cuerpo humano puede verse como un vehículo, en el que lo que consumimos afecta directamente a su funcionamiento. Desde este punto de vista, la comida vegetariana favorece una vida sana y estable, mientras que la carne de personas animales altera el equilibrio natural del cuerpo.

La historia de la Sra. Hai nos deja con reflexiones sobre la fe, la compasión y la forma en que elegimos vivir nuestras vidas. Ya sea desde el punto de vista de la creencia o de la experiencia personal, nos recuerda la importancia de la bondad y el respeto hacia todos los seres.
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